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Claves para la optimización del capital humano y el aumento de la productividad

Una de las partes más importantes de la formación de una empresa es el capital humano. De todos es sabido que un negocio siempre funcionará bien si los empleados están contentos y para ello debemos optimizar este capital. Pero, ¿cómo podemos mejorar este área y por tanto, aumentar la productividad?

Un empleado formado es un empleado con un gran potencial

La dirección deberá facilitar la formación a su personal o incentivarlo en distintas temáticas como idiomas, marketing o liderazgo. Si nuestro equipo sabe manejar el software de la empresa trabajarán mejor y si no, habrá que formarles.

En un mundo cada vez más multicultural es fundamental que las personas que forman la empresa tengan un buen nivel de idiomas. En la actualidad, la lengua más hablada en el mundo es el mandarín, con más de 955 millones de hablantes nativos aunque el inglés, con más de 360 millones de hablantes nativos es el más importante. Por desgracia, en España cerca del 45% de la población admite tener un nivel bajo o muy bajo en inglés.

Otro de los aspectos a desarrollar en cuanto a la optimización del personal en la empresa es la motivación y el coaching. Si el trabajador se siente feliz en su puesto, existe una buena comunicación entre los distintos equipos de trabajo y con los superiores, en resumen, siente que puede alcanzar distintas metas y evolucionar, la realización de sus tareas será óptima.

La mejora de la productividad está directamente relacionada con las pautas explicadas anteriormente aunque podemos citar un par de elementos que servirán para reforzarla.   

Habrá que instaurar un sistema de control de tareas del empleado. La organización es primordial para que el personal haga su trabajo de la mejor forma posible.

Unas buenas condiciones físicas en el trabajo y tener una lista de objetivos a cumplir son la clave de la productividad.

Por otro lado, algunas directrices que desde luego no funcionarán a la hora de mejorar la productividad son:

          No disponer de tiempo para  la conciliación familiar.

          Horarios estrictos y sin flexibilidad.

          No poder avanzar laboral ni económicamente en la empresa.

          Superiores que crean en el método del “látigo” y no ayuden a avanzar al resto.

 

 

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