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Así no viene uno a pedir dinero

22 Mayo 2020 Únase a Eudita

Demostrar credibilidad y capacidad de devolución también requiere un marco estable. Todo suma. La armonía y concordia en la entidad solicitante es clave. No se puede ir por la vida con un ojo morado.

Imagínense la escena. Llegan a un banco dos socios a pedir dinero. Entran por la puerta cada uno con el ojo morado y la nariz sangrando, uno de ellos con un incisivo menos. El asesor comercial nervioso, no es para menos. No sabe qué hacer, no se atreve ni a preguntar. Representan a una sociedad aparentemente solvente, pero la situación es para salir corriendo. Allí sentados con el comercial, los dos tipos sangrando y discutiendo la comisión de apertura como dos perros sabuesos. Ante el bochorno, el director sale de su pecera y, jugándose el tipo, los manda para casa. "Ni préstamo ni nada, márchense para casa (ticket de lavandería 'moqueta ensangrentada' incluido) y resuelvan antes sus problemas. Así no viene uno a pedir dinero".

La 'superministra' de Economía no puede ir por Rue de la Loi en Bruselas con un ojo morado. Convencer a los mercados requiere de un plan sostenible y creíble, no hay duda, pero todo ello se cae por los suelos cuando lo que hay detrás de mi empresa es crispación y confrontación, en definitiva, desunión. La inestabilidad de un marco de referencia político y social ensombrece toda una panoplia de medidas económicas sugeridas, por muy buenas que sean. Sin un marco político estable, las propuestas se tambalean. Así es más difícil pedir dinero.

Nunca la oposición en España había asumido un papel tan relevante. Ahora tiene en su mano liderar la transición a la normalidad. Necesitamos que ellos nos rescaten, después vendrá Europa. Así que lo primero es arreglar nuestra empresa y luego será más fácil convencer en Bruselas. Esto reforzará nuestro argumento. El líder de la oposición ha dicho que ha tendido la mano al presidente del Gobierno, quizás en lugar de tendérsela debería echarle la mano al cuello, sentarlo definitivamente y cerrar un gran acuerdo. Nos estamos asfixiando.

Mientras tanto, seguimos a rebufo del impacto de la Covid-19 y la consecuencia de su efecto determinará el tipo de acuerdo que se alcance en Europa. Esperemos, por el bien de los nuestros, que nos arrastre de la mejor forma posible.

De vuelta ya en España y ante la abrupta ruptura de tesorería, las recetas son claras: o solicito un préstamo o desbloqueo mis ahorros. Trasladado esto a nuestro Gobierno sería: o merodeo por Europa recaudando préstamos y transferencias corrientes o ataco a las rentas y al ahorro. Lo primero ya lo está haciendo la ministra, lo segundo vendrá en breve. La dramática subida de impuestos que se avecina tiene tintes confiscatorios y acabará por asfixiar al tejido empresarial. Nos empeñamos en desangrar al que hasta este momento ha sido más capaz, ha demostrado más ingenio y más ha aportado a nuestra economía. El éxito no tiene premio. A pagar. Las subidas casi exponenciales huelen a expropiación. Que baje Dios y lo vea.

De ir por ese camino, sólo un gran pacto político-social en España pudiera acicalar esa desmedida recaudación y ataque al ahorro, ya que hoy una subida de tipos pudiera estructurarse mañana bajo el acuerdo de una reducción en la presión tributaria. Sería como pactar un mecanismo de compensación. 'Te ruego pagues más ahora, que luego pagarás menos', todo ello, enmarcado en un verdadero ejercicio de solidaridad y sentido común. Pero sólo la unión y el consenso traerían estas medidas fiscales tan singulares y creativas, misma singularidad que ha supuesto este shock vírico mundial.

En los idus de esta crisis, la propuesta de Nadia Calviño de incrementar los ingresos en el presupuesto de la Unión Europea conlleva unos cuantos conceptos impositivos. Pues bien, en los próximos días recibirá la conformidad de los países europeos, más por necesidad que por solidaridad. El virus se está mostrando totalmente impredecible. La comunidad científica no termina de echarle el lazo al pangolín este y Europa lo sabe. Por lo que todo hace indicar que, en breve, habrá fumata blanca para la modificación presupuestaria. Así pues, acuerdo para incrementar la carga fiscal sí, cuestión distinta será su aplicación. Esto dará más de un quebradero de cabeza. Que esos ingresos vayan de forma mayoritaria a los mediterráneos en forma de transferencias corrientes, como pretende el Gobierno, será difícil que tenga el visto bueno de los hanseáticos, que prefieren su distribución en forma de préstamos. Dinero a fondo perdido, ni hablar. Nuestra cita constante con el déficit es algo que a los del norte no se les olvida, por lo que tendremos que estar atentos a cómo se resuelve esta cuestión.

Hace unos días, Nadia Calviño rechazó acudir al MEDE a por dinero barato. Tenemos 'preconcedido' 25.000 millones a un tipo de interés irrisorio, más bajo del que se está financiado el Tesoro actualmente. Esto tiene varias lecturas. En primer lugar, acudir a un fondo de rescate sugiere que estás en el hoyo. Además, mientras el Banco Central siga inyectando dinero y España continúe colocando deuda sin especiales problemas, el MEDE puede esperar. Pero hay más. Nadia C. pudiera estar esperando a ver qué pasa en Europa con la aplicación de esa modificación presupuestaria antes de echar mano a otras fuentes de financiación. Una situación de claro 'stand-by'.

El escenario del sobreendeudamiento es sencillamente aterrador. España no merece cargar la mochila con una deuda tal, que extienda nuestra recuperación a 15 o 20 años. Nos merecemos un tirón de orejas, correcto, pero no somos culpables de la existencia de este virus. Los mecanismos de transferencias corrientes para paliar la crisis sanitaria son más que razonables y negarlos significaría una decisión tan controvertida como lapidaria. Un antes y un después en las relaciones europeas. El eje franco-alemán ya ha dado el primer paso. Esperemos que impere en Europa el sentido común. España ni ningún país lo merecen. Lo contrario significaría asumir una deuda que nos dejaría muchos años de desequilibrio presupuestario. Una desventaja competitiva atroz. Simplemente, una temeridad para España y para Europa, o lo que quede de ella. Por otro lado, la autorización para la puesta en marcha de bonos a perpetuidad parece el plan B. Sería un mal menor pagar intereses a perpetuidad sin contar con desembolsos de principal. Un importante respiro para el 'cash flow', que en tiempos de reconstrucción es vital. Por el contrario, dejamos una situación muy injusta para futuras generaciones en caso de que se optara por la cancelación y rescate del recurso. Una losa. Nosotros ya no estaremos.

Sí señor, así están las cosas. Demostrar credibilidad y capacidad de devolución también requiere un marco estable. Todo suma. La armonía y concordia en la entidad solicitante es clave. No se puede ir por la vida con un ojo morado.

José Ramón Sánchez, profesor de Finanzas en la Universidad de Málaga.

Fuente: Expansión

José Ramón Sánchez.
Socio de EUDITA Málaga.
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