Para muchas empresas, el primer año en el que están obligadas a auditar sus cuentas anuales supone un punto de inflexión. Hasta ese momento, el cierre contable y la elaboración de las cuentas anuales se gestionaban internamente, pero la entrada de un auditor introduce un nuevo nivel de exigencia, revisión y formalización de procesos.
Este cambio implica una fase de adaptación e incertidumbre, en gran parte por la falta de experiencia previa en este tipo de trabajos. Como consecuencia, las empresas deben enfrentarse a una serie de dificultades. Algunas de las más habituales son las siguientes:
- Uno de los aspectos que más suele complicar una primera auditoría es que la documentación y algunos procesos internos no estén todavía lo suficientemente ordenados o documentados. Esto no significa necesariamente que la información no exista, sino que puede no estar centralizada, no ser de fácil acceso o no reflejar con claridad cómo se ha elaborado o revisado. Como consecuencia, la empresa necesita dedicar más tiempo a recopilar, organizar y explicar esa información durante el proceso.
- Asimismo, es posible que, al abordar el primer ejercicio auditado, existan cuestiones pendientes de cerrar o criterios que requieran una documentación más clara, algo habitual en este tipo de situaciones y que suele implicar un mayor trabajo de revisión.
- Por último, una auditoría de cuentas suele requerir la participación de distintas áreas de la empresa, por lo que resulta necesaria una cierta coordinación interna para que el proceso avance con normalidad.
En este contexto, también es habitual que durante el primer año se cometan ciertos errores que pueden hacer el proceso más complejo de lo necesario. Entre ellos, suele estar retrasar la preparación hasta fases muy avanzadas del cierre o responder a los requerimientos de forma reactiva, en lugar de anticiparse. A ello se añade, en ocasiones, una falta de definición clara de responsabilidades internas o una estimación poco ajustada del tiempo y la coordinación que exige este tipo de trabajo.
Sin necesidad de hacer grandes cambios internos, hay algunas prácticas que pueden marcar la diferencia en un primer año de auditoría:
- Anticipar un calendario de trabajo realista, que tenga en cuenta tanto los tiempos internos como los del auditor.
- Preparar con antelación la documentación más relevante, de forma que esté disponible cuando se solicite.
- Mantener una comunicación fluida con el auditor desde el inicio, especialmente para resolver dudas o alinear expectativas.
- Revisar previamente las áreas más sensibles o complejas para detectar posibles incidencias antes de que lo haga el propio auditor.
En definitiva, prepararse con antelación no solo facilita el trabajo de auditoría, sino que también permite a la empresa afrontarlo con mayor seguridad y control.
Aunque el primer año de auditoría puede percibirse como una carga adicional, acaba teniendo un efecto positivo en la organización, ya que impulsa a estructurar mejor la información, revisar criterios contables, mejorar la trazabilidad de las operaciones e identificar posibles debilidades en el control interno.
Todo ello contribuye a generar una base más sólida para ejercicios futuros, no solo desde el punto de vista del cumplimiento, sino también de la gestión. En este sentido, una primera auditoría bien preparada no solo reduce tensiones, sino que puede convertirse en una oportunidad para reforzar la calidad de la información financiera y los procesos internos de la empresa.
Sonia Lorenzo Rubio
Eudita Asturias


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