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El reto de aplicar la NIA 315 (Revisada) en despachos pequeños y en auditorías de pymes

La revisión de la NIA 315 “Identificación y valoración de los riesgos de incorrección material” supuso un cambio en la forma de abordar la planificación de la auditoría. Su aplicación práctica, especialmente en despachos pequeños y en clientes de reducida dimensión, ha planteado retos importantes tanto en términos de proporcionalidad como de documentación.

  1. Mayor exigencia en el entendimiento del negocio y los riesgos.

La NIA 315 (Revisada) introduce un enfoque más estructurado y detallado para identificar riesgos, incorporando conceptos como los controles relevantes, la escala de riesgos inherentes y la respuesta diferenciada según el tipo de riesgo.

En una pyme, donde los procesos son menos formales y los controles internos pueden ser escasos o informales, esta exigencia puede resultar difícil de aplicar sin perder la esencia del principio de proporcionalidad. El auditor debe adaptar su análisis al entorno real del cliente, evitando una aplicación “mecánica”.

  1. Dificultades en su implementación.

Los despachos pequeños carecen a menudo de herramientas tecnológicas avanzadas o plantillas sofisticadas que faciliten la evaluación de riesgos. La exigencia documental puede derivar en un incremento del tiempo y del coste del trabajo.

El reto está en documentar adecuadamente el razonamiento profesional sin caer en excesiva carga de trabajo: registrar lo esencial, justificar las decisiones clave y mantener la trazabilidad del juicio del auditor.

  1. Formación y cambio de mentalidad.

La nueva norma requiere una mayor comprensión conceptual del riesgo inherente y del control interno. No basta con cumplir un checklist, sino que el auditor debe pensar de manera crítica sobre cómo podrían producirse las incorrecciones materiales. Esto exige formación continua y una revisión de la cultura de trabajo dentro del despacho, más allá del simple cumplimiento normativo.

  1. Cómo aplicar la norma con sentido común.

El Instituto de Contabilidad y Auditoría de Cuentas (ICAC) y diversos organismos profesionales han insistido en la aplicación proporcional de la norma: los principios son los mismos, pero la profundidad del análisis y la documentación deben adaptarse al tamaño y complejidad del cliente.

En definitiva, hay que conseguir un enfoque práctico que permita centrarse en los riesgos relevantes, apoyarse en la experiencia y conocimiento del auditor sobre la empresa, y utilizar herramientas simplificadas que mantengan la calidad del trabajo sin comprometer la eficiencia.

La clave está en mantener un equilibrio entre el rigor técnico y la proporcionalidad, para que la norma se convierta en una guía útil y no solo en una carga administrativa.

 

Sonia Carreño Iglesias
EUDITA ASTURIAS

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