La revisión de la NIA 315 “Identificación y valoración de los riesgos de incorrección material” supuso un cambio en la forma de abordar la planificación de la auditoría. Su aplicación práctica, especialmente en despachos pequeños y en clientes de reducida dimensión, ha planteado retos importantes tanto en términos de proporcionalidad como de documentación.
- Mayor exigencia en el entendimiento del negocio y los riesgos.
La NIA 315 (Revisada) introduce un enfoque más estructurado y detallado para identificar riesgos, incorporando conceptos como los controles relevantes, la escala de riesgos inherentes y la respuesta diferenciada según el tipo de riesgo.
En una pyme, donde los procesos son menos formales y los controles internos pueden ser escasos o informales, esta exigencia puede resultar difícil de aplicar sin perder la esencia del principio de proporcionalidad. El auditor debe adaptar su análisis al entorno real del cliente, evitando una aplicación “mecánica”.
- Dificultades en su implementación.
Los despachos pequeños carecen a menudo de herramientas tecnológicas avanzadas o plantillas sofisticadas que faciliten la evaluación de riesgos. La exigencia documental puede derivar en un incremento del tiempo y del coste del trabajo.
El reto está en documentar adecuadamente el razonamiento profesional sin caer en excesiva carga de trabajo: registrar lo esencial, justificar las decisiones clave y mantener la trazabilidad del juicio del auditor.
- Formación y cambio de mentalidad.
La nueva norma requiere una mayor comprensión conceptual del riesgo inherente y del control interno. No basta con cumplir un checklist, sino que el auditor debe pensar de manera crítica sobre cómo podrían producirse las incorrecciones materiales. Esto exige formación continua y una revisión de la cultura de trabajo dentro del despacho, más allá del simple cumplimiento normativo.
- Cómo aplicar la norma con sentido común.
El Instituto de Contabilidad y Auditoría de Cuentas (ICAC) y diversos organismos profesionales han insistido en la aplicación proporcional de la norma: los principios son los mismos, pero la profundidad del análisis y la documentación deben adaptarse al tamaño y complejidad del cliente.
En definitiva, hay que conseguir un enfoque práctico que permita centrarse en los riesgos relevantes, apoyarse en la experiencia y conocimiento del auditor sobre la empresa, y utilizar herramientas simplificadas que mantengan la calidad del trabajo sin comprometer la eficiencia.
La clave está en mantener un equilibrio entre el rigor técnico y la proporcionalidad, para que la norma se convierta en una guía útil y no solo en una carga administrativa.
Sonia Carreño Iglesias
EUDITA ASTURIAS


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