Hoy toca hablar de algo a lo que no queremos enfrentarnos. ¿Qué pasará el día de mañana con nuestro negocio cuando decidamos jubilarnos?
A mis cuarenta y pocos años aún me queda mucho para enfrentarme a esta pregunta, pero creo que lo mismo pensaría mi padre cuando se lo planteó por primera vez. Al final él tuvo suerte y uno de sus hijos decidió seguir su camino y enfrentarse a la loca vida de ser auditor de cuentas. ¿Me pasará lo mismo?
Hace 10 años cuando mi hijo mayor empezaba el colegio un día en clase le preguntaba la maestra que quería ser de mayor y mi hijo contestaba “AUDITOR DE CUENTAS” no sabía casi hablar y mucho menos pronunciarlo, pero tenía claro que quería ser igual que su padre y sus abuelos. Aún me emociono cuando recuerdo aquel momento en el que me lo contaba la profesora y preguntaba si se lo había inventado. Diez años después no sé si seguirá pensando igual, pero yo me quedo con aquel momento.
Saber si tendremos sucesión en nuestro despacho no es fácil en ningún negocio o profesión, pero en la auditoría de cuentas parece más complicado, si cabe, ya que no parece una profesión que esté enganchando a nuestros hijos.
Ahora dicen que la Inteligencia artificial va a acabar con muchas profesiones porque las máquinas van a hacer mucho trabajo. En la auditoría de cuentas existe algo insustituible por una máquina que es el “juicio profesional”.
La NIA-ES 200 define el Juicio profesional como la aplicación de la formación práctica, el conocimiento y la experiencia relevantes, en el contexto de las normas de auditoría, contabilidad y ética, para la toma de decisiones informadas acerca del curso de acción adecuado en función de las circunstancias del encargo de auditoría. ¿Será la máquina capaz de aplicar su formación práctica, conocimiento y experiencia relevante?
El tiempo me dará o quitará la razón y veremos si alguno de nuestros hijos puede continuar con esta profesión que la IA no va a poder remplazar.
Miguel Roberto Herrero
Socio Auditor en Eudita León


0 comentarios