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Test PCR para la economía sumergida

¡Rubio! Ponme un plato de calamares y dos cervezas. Las cervezas bien fresquitas, por favor. Y tráete también un plato de boquerones (R: ¿Los quiere victorianos?) ¡Niño! Eso ni se pregunta … ¡Qué bueno estaba todo! Tráigame la dolorosa (R: Se refiere a la cuenta, ¿no?) ¿Es que acaso existe otro tipo de dolorosa que no sea una cuenta o factura? … ¿40 euros? ¡Caramba con los precios! y decía Christine Lagarde que íbamos a luchar contra la deflación. Bueno… le pago con tarjeta (R: ¡No! tarjeta ¡no!, por favor, ahora con esto del coronavirus cobramos en efectivo para no dejar rastro, que luego viene el Montoro y nos sacude) … Será la Montero (R: ¿La Montero? Pues yo siempre la he llamado el Montoro. ¿Qué es, una mujer?). Déjelo, tome el dinero. ¡Rebeca! coge las cosas que nos vamos, por hoy ya tengo suficiente.
A la espera de que se estime el ranking de la economía sumergida, España sigue colista en todos los rankings socioeconómicos del planeta Tierra (probablemente sea colista también en todos los que se publiquen en la Vía Láctea). Miedo me da. Aunque, lo cierto es que algunos de estos indicadores no siempre arrojan toda la verdad.
Recapitulemos… tras la abrupta caída del segundo trimestre, todas las esperanzas estaban puestas en el periodo estival. De nuevo, otro mazazo. Nuevo golpe al saco de boxeo en el que se ha convertido nuestra maltrecha economía. Y es que cuando a un niño lo castigas, no le dejas salir y abusas de privarle de su libertad, resulta que el niño te sale el más rebelde del mundo. A los españoles nos ha pasado algo parecido, y esa rebeldía nos está costando muy cara. En esas, sorprende la falta de responsabilidad, no solo de los jóvenes, sino también de personas no tan jóvenes. Las ansias por salir y recuperar el tiempo perdido han avivado los rebrotes hasta el punto de convertirnos en el país, de nuevo, con mayor número de contagios por número de habitantes, todo ello, con el correspondiente retroceso en los parámetros económicos. En estos momentos la economía no descuenta el número de fallecidos, pues la tasa de letalidad es sensiblemente baja. Ahora descuenta el número de contagios, de ahí el doloroso freno en la senda positiva que se había iniciado tras el desconfinamiento. No tenemos remedio. Así que es hora de darle un giro definitivo a esto, pues sin responsabilidad, ni dos dedos de frente, no habrá ni Salud ni Economía. Y en esas andamos.
Con todo, y hasta el momento en el que se nos fue esto de las manos, la economía se recuperaba satisfactoriamente a doble dígito de la mano de la movilidad, con una expectativa de situar el crecimiento en el entorno de los 20 puntos para el 3T. Nuestra rebeldía frenó esa senda y el crecimiento previsto ha descendido hacia los 10 y 15 puntos, según estimaciones de la superministra, en el rango bajo, y de la AIReF, en el alto. Pese a ese descenso, la economía comienza a mostrar signos de recuperación, tímidos, pero recuperación, al fin y al cabo. El empleo, por el contrario, se encuentra aún totalmente adormecido. Los recientes datos facilitados por el Ministerio de Trabajo no muestran una correlación clara con el avance de nuestra economía. Las todavía abultadas cifras de paro, la persistente destrucción de empleo y el escaso número de afiliaciones le siguen dejando a uno el cuerpo frío. Sin duda, el empleo se está quedando rezagado frente a los impulsos de la economía.
Ante este planteamiento, es difícil sacar conclusiones robustas, pues el inicio de una actividad que ha estado en muchos casos confinada pudiera llevarse a cabo con menos personal del habitual y los ingresos crecer proporcionalmente más de lo que crece el empleo (nuevo o rescatado). Pese a lo anterior, ¿están todas las personas que se encuentran actualmente trabajando debidamente rescatadas del ERTE o afiliadas a la Seguridad Social? O ahondando más en el asunto, ¿existen personas en ERTE echando horitas? Por lo visto hasta el momento, los datos pudieran sugerir, amén de otras cuestiones, la existencia de un gap real que no termina de aflorar ni en los ratios sociales ni en la demanda agregada, bien por el impacto de las personas que se encuentran trabajando y no figuran como tal censadas o bien por el eterno problema de la economía sumergida que aparece de forma exponencial en tiempos de guerra o, como es en estos momentos, ante la batalla vírica más dramática jamás librada en tiempos de paz. La economía B, estimada por técnicos de Hacienda en un nivel cercano al 25% de nuestro PIB, también se ha visto fuertemente golpeada, tanto o más que la economía A. Lo que desconocemos es si el crecimiento exponencial que registra la economía B en tiempos de guerra supera el efecto inverso que, por otro lado, también ha sufrido esta economía por los estragos del confinamiento (se estima un impacto negativo del 70%). En definitiva, la economía sumergida debe pasar su test PCR. Hay que detectarla y corregirla.
Así pues, todo hace indicar que la presunta huida de los regímenes de cotización e incumplimientos en materia laboral junto a la desaparición de parte de esa economía real aflorará más pronto que tarde en cuanto se pongan en marcha los mecanismos de inspección (que Dios nos proteja cuando llegue ese momento). Estos mecanismos corrigen errores, pero también incumplimientos, y terminan compensando a los que han seguido las reglas, devolviendo a la economía lo que es suyo. Es duro decirlo, pero así es. Sin lugar a duda, estos procesos corregirán los datos macro ajustando la caída de nuestro PIB y mejorarán la interpretación de lo que sucedió con nuestra masa laboral. Para conocer esto, todavía hay que esperar. Mientras tanto, cumpla las normas … que le vemos. Sí, sí, ¡usted! … ¡que le estamos viendo! Se ruega que cumpla con las reglas del juego por nuestra salud y supervivencia. Sea usted responsable, no pedimos más. + Responsabilidad = + Economía.
Fuente: diariosur.es

Socio EUDITA Málaga
José Ramón Sánchez Serrano
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